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Las mamparas de baño y ducha sufren los efectos propios del agua, entre otros los producidos por la cal y las humedades, los residuos de jabones y champús, pelos, etc.

Cuando hablamos de la cal, todos los sistemas que purifiquen y neutralicen el calcio del agua (descalcificadores, hosmosis inversa, campos magnéticos, etc.)... darán como resultado un agua menos dura y pesada. Todos ellos pueden ser válidos.

Si carecemos de sistema de descalcificación alguno, sin duda, nuestra agua tendrá más cal, y por tanto... el mantenimiento de la mampara de ducha deberá ser más constante. Lo más efectivo y menos corrosivo para la mampara, sea cristal o plástico, es el vinagre. Además de

ser un producto de nuestra cesta de compra habitual y económico. Para un buen resultado, realizar una solucion de vinagre rebajado con agua caliente, sabemos que el olor no es muy agradable, pero para nada nocivo, y de esta manera en 25 o 30 minutos que lo dejemos actuar deberia de destruir las pequeñas placas de calcio depositadas en algunas zonas de la mampara. En el caso de las mamparas acrílicas también nos garantizará un menor deterioro de la lámina antiadherente interior, por lo que nos durará más años como el primer día. Los productos de limpieza específicos para mamparas son los más apropiados.

 

 

 

El siliconado también es una garantía de limpieza.

 

Aunque cuando nos vemos amenazados por las bacterias lo más efectivo es la lejía. La lejía es un oxidante químico con un alto poder desinfectante, fungicida y bactericida. Donde detectemos puntos de humedad aplicamos un poco de lejía en la zona a tratar y dejamos actuar toda la noche. Entonces, encontraremos que la lejía ha erradicado las bacterias y por tanto los puntos negros, las esporas de moho.


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